martes, 6 de octubre de 2009

En silencio con Jesús


Aunque una actividad puede ser muy buena, si nos olvidamos del Señor al que servimos y fallamos en calmarnos para tener un tiempo en silencio y poder construir nuestra relación con él, entonces nos estamos arriesgando al desgaste, las decisiones equivocadas y el pecado.

La hospitalidad es un regalo que nosotros le damos a Dios. Trabajar para sostener a nuestras familias también es un regalo para Dios. Así lo es también es el fregar pisos, cocinar comidas riquísimas, planchar ropa (encuentro esto difícil de creer) Servir en nuestras parroquias y ciudades, criando a nuestros niños, acercándonos a los menos afortunados, haciendo campañas en contra del aborto, trabajar en contra de las injusticias sociales, etc., todas son actividades Sagradas. PERO no cuando nos ocupamos tanto que no tenemos tiempo para sentarnos silenciosamente a los pies de Jesús.

Mirar las noticias en la tele sin mantener nuestros ojos en Jesús puede causar ansiedad y temor. Si caminamos a paso pesado por los problemas o tareas desafiantes o por las relaciones difíciles sin calmarnos para poder darnos cuenta de la presencia y la guía de Jesús nos causa frustración, disgusto y desesperación.

Si nos disgustamos por los detalles, si nos sentimos inquietos, temerosos, preocupados, o confusos, entonces no nos hemos sentado a los pies de Jesús el tiempo suficiente. Estas emociones desagradables son advertencias. También son puntos débiles en nuestra armadura, es decir, la Armadura de Dios que se nos a dado a nosotros LOS cristianos a vestir - estos puntos débiles son hoyos de vulnerabilidad que el Enemigo usa para alejarnos aún más de los pies de Jesús.

Ningún cristiano tiene una razón válida para estar en el temor ni en la ansiedad. De hecho, es un pecado (cuando es una libre elección, que es diferente a los ataques de ansiedad que indican una necesidad para la ayuda médica y psicológica). Es un pecado cuando ocurre porque nos hemos desviado de Jesús, de su sabiduría, de su fuerza renovadora y de su paz. Agravando el pecado, nosotros infligimos nuestro mal humor sobre los demás y lo mandamos como un efecto dominó al mundo por medio de ellos.

La única manera de "escoger la mejor parte" es de calmarnos y forzarnos a buscar las oportunidades de sentarnos con Jesús y mantenernos silenciosamente en su presencia, no moviéndonos de nuestra silla de oración hasta que nos hayamos fortificado y recargados por Dios.

Siempre que llegue una nueva oportunidad para preocuparnos, Jesús te está esperando, con los brazos abiertos, esperando que te detengas lo suficiente para ser bendecido por su amor.

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