viernes, 12 de marzo de 2010

El valor del ayuno y la abstinencia

Comienza la Cuaresma

Con el Miércoles de Ceniza, comenzó el tiempo penitencial de la Cuaresma, antesala y preparación para volver a celebrar y actualizar el gran misterio de nuestra esperanza: la Pascua del Señor.

Durante cinco semanas, los cristianos nos alimentaremos más intensamente de la Palabra, haremos examen sobre nuestro camino para reencontrarnos con Jesús, y también manifestaremos públicamente nuestro deseo de conversión mediante la penitencia cuaresmal: ayunaremos por lo menos dos días: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo de la Pasión del Señor. Esos días y el resto de los viernes haremos ese otro ‘pequeño ayuno’ que consiste en la abstinencia de comer carne. La regla del ayuno nos obliga desde la mayoría de edad (18 años) hasta que se cumplen los 59; la de la abstinencia, desde los 14 años en adelante. La praxis del ayuno permite una comida al día y tomar algo ligero de alimento en vez del desayuno matutino y de la cena de la noche. Por supuesto, al tratarse de normas de vida de la Iglesia y no de normas en sí mismas de naturaleza moral, son dispensables cuando existe un motivo razonable o de importancia, de salud por ejemplo.

¿Tiene sentido ayunar?

El ayuno tiene una doble significación antropológica: la de expresión del dolor y la tristeza, por una parte. Por otra, la expresión del autodominio y la templanza (la ascesis). Ha estado presente en la historia de todas las expresiones religiosas. También Israel lo vivió añadiendo un sentido de gratitud y reconocimiento de la bondad divina, de quien procede en realidad lo que tenemos y nos sustenta –más que de nuestra industria o habilidad–, que nos pide que no nos esclavicemos a ellas, ni le entreguemos nuestro corazón, sino más bien lo usemos con sencillez y compartiéndolo con todos. De esos ‘hermanos mayores’ nuestros lo heredamos los cristianos. Lo practicamos con libertad en cualquier momento del año; y de un modo común y público, todos los viernes del año, en particular durante el tiempo de la Cuaresma (en este tiempo, la abstinencia no debe sustituirse por otra penitencia, como sí se puede hacer durante el resto de los viernes del año).

Cuando preguntaron a Jesús por qué sus discípulos no practicaban el ayuno con los fariseos y los discípulos de Juan el Bautista, Jesús defendió la conducta de los suyos así:

¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán. (Ev de S Lucas, 5, 34-35)

La Iglesia ayuna para expresar su dolor por sus pecados, para despojarse del exceso de apego a los bienes y compartirlos más fácilmente, para dedicarse con más libertad durante este tiempo a meditar la palabra de Dios y así prepararse para una nueva ‘resurrección’ personal con Cristo.

Jorge Peñacoba
iglesia.org

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