sábado, 24 de julio de 2010

¿Por qué Jesús ha querido darnos no sólo Su Cuerpo sino también Su Sangre?


Para nosotros la sangre no es más que una parte de nuestro cuepo. Pero, en la mentalidad de la Biblia es otra cosa. (Lo dice muy bien el P. Cantalamesa en su libro). La Sangre estaba considerada como la sede de la vida. Por lo tanto si la sangre es la sede de la vida, entonces, el derramamiento de sangre es signo de la muerte. Dándonos Su Sangre, Jesús nos da su muerte con todo lo que ello emplica: el perdón de los pecados, el don del Espíritu. ¡¡QUE IMPORTANTE ES LA SANGRE DE CRISTO!!


Y Qué importante es entonces el signo del vino que la contiene de una manera especial. (Si bien sabemos que todo Cristo está presente en cada Eucaristía)

En la sangre descubrimos el símbolo de todo el dolor que hay en la tierra. Por eso al altar no sólo presentamos el trabajo del hombre sino también todo el sufrimiento. El vino que se acerca al altar es una oportunidad para acercar el sufrimiento del hombre que unido al sufrimento de Crsito puede ser redentor.

Pero hay algo más todavía en el signo del vino. Una significación especial. De la que María sabe mucho. MUCHÍSIMO.

¿Qué representa el vino para los hombres? Representa la alegría, la fiesta. El vino no está hecho sólo para beber, sino también para brindar. No representa tanto lo útil como el pan, sino más bien lo que deleita.

Jesús multiplica los panes por la necesidad de la gente; pero en Caná de Galilea multiplca el vino para la alegría de los novios y de los invitados. Y MARÍA ESTABA ATENTA PARA QUE NO FALTARA EL VINO. De esto está atenta María. De que no falte el vino. No sólo que no falte lo necesario, sino también de que no falte la ALEGRÍA, LA FIESTA.

Si Jesús hubiese elegido para la Eucaristía pan o agua salamente, habría indicado tan sólo la santificación del sufrimiento (pan y agua son sinónimos de ayuno, de penitencia. María misma habla de ayuno a pan y agua)

¡Pero no! Jesús también usa el vino. Ahora bien. ¿No es contradictorio decir que la Sangre es signo de sufrimiento y alegría a la vez? NO, porque no es excluyente. El sacrificio de Cristo en el altar es un sacrificio hecho por amor. "No se vive el amor sin el dolor" dice el libro de la imitación de Cristo.

Pensemos en el primer hijo, o en los primeros hijos de un matrimonio joven. Eso implica mucho sacrificio y mucha renuncia. Pero también lleva mucha, muchísima alegría.

El VINO de la EUCARISTÍA representa la alegría del sacrificio. Así a la Eucaristía podemos llevar todo, no hay nada que quede afuera. En ella pueden ir ofrecidos el dolor y toda la alegría, no sólo nuestra sino de todos los hombres.

Y de hecho, si tenemos que prestar atención especial para llevar algo a la Eucaristía, yo diría que prestemos atención al vino, a la alegría. ¿Por qué? Porque muchas veces encontramos más natural dirigirnos a Dios en el dolor y no tanto en la alegría. Nos dirigimos con más ansias a Dios cuando somos visitados por alguna desgracia y tenemso necesidad de Él. Y las alegrías, en cambio, preferimos gozarlas solos, a escondidas, casi sin que Dios lo sepa. Y sin embargo todo lo contrarios es lo que experimentó María en las bodas de Caná. Lo primero que Jesús quiere compartir es Su gozo.

Qué alegría si aprendiéramos a vivir y a llevar a cada Eucaristía las alegrías de la vida, es decir la acción de gracias a Dios por todo lo que nos da. La Presencia y la Mirada de Dios sobre nosotros no están para arruinar nuestras alegrías, sino para multiplicarlas.

iglesia.org

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