jueves, 1 de diciembre de 2011

Una divertida antología de fieles despistados y sus deslices en Misa

Móviles inoportunos, letras de canciones cambiadas y la espontaneidad de los niños, las estrellas.

Unos están empeñados en cambiar la letra del “Alabaré a mi Señor” por la de “A la marea, mi Señor”. Otros pedían a Dios “líbranos del Malamén”. Y a muchos les han dado ataques de risa o les ha sonado el móvil en el momento más inoportuno. Malo es que lo haga en un entierro, pero mucho peor que la sintonía sea la música de “El Exorcista”.


Los cánticos, las lecturas, las palabras del sacerdote, los fieles poco asiduos o los habituales más despistados. Cualquier momento, cualquier víctima, son propicios para vivir una situación
cómica, violenta o inesperada durante el transcurso de una misa. El popular programa “¡Buenos días, Javi Nieves!”, de Cadena Cien, ha recopilado, con los mensajes de sus oyentes, una antología de las meteduras de pata que se viven en una iglesia. Las anécdotas, colgadas en Facebook han corrido como la espuma por internet. ¿A quién no le ha tocado
vivirlas alguna vez?

Las hay para todos gustos. Las que cambian la letra de las canciones o de las oraciones son de las más populares, sobre todo si hay niños de por medio. Ana Mateo Díaz confiesa que, en su primera comunión, cantó a voz en grito: "A la marea, a la marea... a la marea, a la marea... a laaa mareaaa mi señorrr"... “Y lo peor es que tardé años en descubrir que lo que realmente decía la canción era alabaré a mi señor", reconoce.

Meses antes, cuando se estaba preparando para este día tan importante, a Cristina Hernández Arias le hizo su hija una petición inesperada en el momento de la comunión: “Mamá, ese niño que está ayudando al cura a dar las patatitas es de mi cole. ¿Puedo ir a pedirle una?".

¿Ha dicho misa o pizza?
Y es que, sin duda, los reyes del anecdotario son los niños, verdaderos maestros de la espontaneidad. Lo de ver las velas encendidas y empezar a cantar “cumpleaños feliz” es relativamente habitual. Igual de fiestera fue la hija de Ana Sanchez Muñiz, de tres años, que al anuncio del cura al término de la ceremonia (“mañana lunes habrá misa a las siete y media”) respondió a voz en grito: “Mañana venimos que va a haber pizza”.

Con el mismo optimismo –“muchas gracias y adiós”- respondió otro pequeño al “podéis ir en paz”. Más preocupado estaba este otro, que al ver cómo el templo se vaciaba gritó: “Mamá, que al cura se le va toda la clientela”. A los más pequeños las canciones les despiertan el artista que llevan dentro, sin importar el mensaje. “Mi hija con dos añitos se puso a cantar tengo una vaca lechera tolón, tolón....”, cuenta en Facebook María Pilar Domínguez.

A Julio Molina su sobrino le preguntó durante una misa si tenía miedo al “Malamén”, ése al que todos los adultos rezan “líbranos del Malamén”. “Saca el betadine para curar a ese Jesús, que está lleno de heridas”, imploró otro sobrino a su tía. Y este otro, para no perdérselo: la madre de Jaime Olivava intentó explicar al niño en medio de misa el concepto de la Santísima Trinidad. Al terminar de decirle que Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo, el pequeño gritó delante de todos: “¡Ahí va! ¡Es un transformer!”, según recoge el portal religioso Religión en libertad.

“Mi padre nos llevaba a misa a mi amiga y a mí con 11 años –relata en el Facebook de ¡Buenos días, Javi Nieves! otra oyente, Mer Honrubia-. En mitad del sermón, el cura, que era muy anciano estaba diciendo ‘en tiempos del hermano Samuel...’ y se quedó callado, toda la iglesia en silencio y el cura callado y dice mi amiga ¿Samuel? Sa muelto?’ y empezamos a reírnos a carcajadas. Nos tuvimos que ir. Mi padre casi nos mata a las dos”.

Las consecuencias de no estar atento
El problema de recitar de memoria es que, por costumbre, falta de atención o simple despiste, los feligreses cambian el sentido de las oraciones. El marido de Laura López Escudero, por ejemplo, repetía “No soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para
sacarme". Con suerte, su desliz pasará desapercibido. No le ocurrió así al padre de Francisco Javier Gallego cuando, en el momento de la consagración, el sacerdote levantó los brazos y dijo: "Haced esto en conmemoración mía". Desde su sitio, el padre de este internauta
imitó su gesto levantando los brazos. Al ver de reojo que nadie se movía, tuvo que recuperar la compostura como pudo.

Y, por último, los móviles. Muchos de los oyentes del programa recuerdan llamadas inoportunas, incluida alguna de ellas al propio sacerdote, o sintonías poco apropiadas, como la de aquella feligresa que tenía como tono de llamada "atención, ha llegado a su localidad el camión del tapicero. Tapizamos sillas, tresillos...". Por supuesto, por mucho que removió el bolso, no logró localizar el aparato. Pero nadie pasó tanto apuro como Malen Catalá Ballester, según ha dejado escrito en Facebook. Su teléfono sonó en medio de un entierro. Y la
sintonía era la banda sonora de la película de “El Exorcista”.

Y una más, antes de terminar. Maria Pilar Berenguer Rojas, también en un funeral: “Al pasar a dar el pésame –relata- voy y le digo a los familiares, ‘pues nada, enhorabuena’. Creí que me moría de vergüenza”.

E. Villar
larazon.es

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