sábado, 11 de agosto de 2012

Diálogo con nuestras pasiones

“Si deseas conocer a Dios aprende primero a conocerte a ti mismo”. El ascenso a Dios pasa por el descenso a la propia realidad, hasta lo más profundo del inconsciente.

El camino hacia Dios pasa generalmente por muchos cruces de errores, curvas y rodeos, pasa por fracasos y desengaños. Pero resulta que no son precisamente mis virtudes las que me abren a Dios sino mis flaquezas, mi incapacidad, incluso mi pecado.

Dios nos habla a través de todo (…) y se hace sentir por nuestros pensamientos, sentimientos, inquietudes y deseos. Solo prestando atención a los matices de su voz podremos descubrir la imagen que él se ha formado de cada uno de nosotros.

No es lícito minusvalorar las emociones o pasiones porque todo está lleno de sentido. Lo importante es lograr captar o descifrar el mensaje que Dios nos manda por medio de ellas.

Hay quienes se consideran culpables de sentimientos que podríamos llamar negativos como pueden ser la cólera, la irascibilidad, la envidia, la apatía. Y procuran “con la gracia de Dios” dominar esas pasiones y desentenderse de ellas.

La espiritualidad desde abajo las contempla desde otra perspectiva, no intenta reprimirlas sino reconciliarse con ellas. Todas, en efecto, pueden contribuir a ayudarnos en el camino hacia Dios. La única condición indispensable es meterse en medio de ellas, dialogar y preguntar qué mensaje traen y quieren transmitirnos de parte de Dios. En lugar de reprimir esos sentimientos, es mucho más positivo dialogar con ellos para descubrir en mi el tesoro de mi propia imagen.

En primer lugar está el diálogo con los pensamientos y sentimientos.

En segundo, el descenso hasta el fondo de las emociones y sentimientos aguantando allí hasta verlos transformados en faros luminosos que me hagan ver a Dios.

En tercer lugar, la capitulación ante Dios, la confesión de la propia nada y consiguientemente la necesidad de ponerme en las manos de Dios...

Por Anselm Grüm y Meinrad Dufner
Extraído de “Una espiritualidad desde abajo. El diálogo con Dios desde lo profundo de la persona”

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