domingo, 10 de noviembre de 2013

Papa Francisco: La eternidad ilumina y da esperanza a la vida terrenal

“¡No es esta vida la que hace referencia a la eternidad, sino es la eternidad que ilumina y da esperanza a la vida terrenal de cada uno de nosotros! Si miramos sólo con el ojo humano, estamos llevados a decir que el camino del hombre va de la vida hacia la muerte. Jesús vuelca esta perspectiva y afirma que nuestra peregrinación va de la muerte a la vida: ¡la vida plena!” es el mensaje que dirigió el papa Francisco, con motivo de la oración del ángelus, que rezó al medio día de este domingo, desde la ventana de su oficina, ante la multitud reunida en la plaza de San Pedro.

Tras la oración mariana del Ángelus, el Papa manifestó su cercanía al pueblo de Filipinas y a toda la región de aquel país, que fue golpeada por un terrible tifón. “Desgraciadamente, las víctimas son muchas y los daños enormes. Oremos por nuestros hermanos y hermanas, y tratemos de transmitirles también nuestra ayuda concreta”, dijo el Pontífice.

También recordó que esta tarde, en Paderborn, Alemania, será proclamada beata María Teresa Bonzel, fundadora de las Hermanas Franciscanas Pobres de la Adoración Perpetua, que vivió en el siglo XIX. “La Eucaristía era la fuente de donde sacaba la energía espiritual, para dedicarse con incansable caridad a los más débiles. ¡Alabemos al Señor por su testimonio!”

El Santo Padre se refirió, además, a hoy es el septuagésimo quinto aniversario de la llamada "Noche de los cristales": la violencia de la noche entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938 contra los judíos, sinagogas, casas y tiendas que marcó un triste paso hacia la tragedia del Holocausto. “Renovemos nuestro apoyo y solidaridad con el pueblo judío y oremos a Dios para que la memoria del pasado nos ayude a estar siempre vigilantes contra todas las formas de odio y la intolerancia”.

Palabras del Papa antes del rezo del Àngelus:
 

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús con los saduceos que negaban la resurrección. Y es justamente sobre este tema que ellos dirigen una pregunta a Jesús, para ponerlo en dificultad y ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos. Parten de un caso imaginario: “Una mujer ha tenido siete maridos, muertos uno después del otro”, y preguntan a Jesús: “¿De quién será esposa aquella mujer después de su muerte?”. Jesús, siempre dócil y paciente, responde que la vida después de la muerte no tiene los mismos parámetros de aquella terrenal. La vida eterna es otra vida, en otra dimensión donde, entre otras cosas, no existirá más el matrimonio, que está ligado a nuestra existencia en este mundo. Los resucitados – dice Jesús – serán como los ángeles, y vivirán en un estado diferente, que ahora no podemos experimentar y ni siquiera imaginar.

Pero luego Jesús, por así decirlo, pasa al contra ataque. Y lo hace citando la Sagrada Escritura, con una sencillez y una originalidad que nos dejan llenos de admiración ante nuestro Maestro, ¡el único Maestro! Jesús encuentra la prueba de la resurrección en el episodio de Moisés y de la zarza ardiente (cfr Ex 3,1-6), allí donde Dios se revela como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. El nombre de Dios está ligado a los nombres de los hombres y de las mujeres con los que se liga, y este lazo es más fuerte que la muerte. He aquí el por qué Jesús afirma: “Porque él no es Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él” (Lc 20,38). Y el lazo decisivo, la alianza fundamental es aquella con Jesús: Él mismo es la Alianza, Él mismo es la Vida y la Resurrección, porque con su amor crucificado ha vencido a la muerte. En Jesús Dios nos dona la vida eterna, la dona a todos, y todos gracias a Él tienen la esperanza de una vida más verdadera que esta. La vida que Dios nos prepara no es un simple embellecimiento de aquella actual: ella supera nuestra imaginación, porque Dios nos sorprende continuamente con su amor y con su misericordia.

Por lo tanto, aquello que acontecerá es precisamente lo contrario de cuanto se esperaban lo saduceos. ¡No es esta vida la que hace referencia a la eternidad, sino es la eternidad que ilumina y da esperanza a la vida terrenal de cada uno de nosotros! Si miramos sólo con el ojo humano, estamos llevados a decir que el camino del hombre va de la vida hacia la muerte. Jesús vuelca esta perspectiva y afirma que nuestra peregrinación va de la muerte a la vida: ¡la vida plena! Por lo tanto la muerte está detrás, a la espalda, no delante de nosotros. Delante de nosotros está el Dios de los vivos, está la derrota definitiva del pecado y de la muerte, el inicio de un tiempo nuevo de alegría y de luz sin fin. Pero ya sobre esta tierra, en la oración, en los Sacramentos, en la fraternidad, encontramos a Jesús y a su amor, y así podemos saborear algo de la vida resucitada. La experiencia que hacemos de su amor y de su fidelidad enciende como un fuego en nuestro corazón y aumenta nuestra fe en la resurrección. De hecho,si Dios es fiel y ama, no puede serlo por tiempo limitado: Él es fiel por siempre, según su tiempo, que es la eternidad.

aica.org

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