miércoles, 18 de octubre de 2017

El Papa anima a no temer a la muerte: “Jesús mantendrá la llama de nuestra fe”


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera poner en contraste la esperanza cristiana con la realidad de la muerte, una realidad que nuestra civilización moderna tiende siempre más a cancelar.

Tanto así que, cuando la muerte llega, para quien nos está cerca o para nosotros mismos, no nos encontramos preparados, privados incluso de un “alfabeto” adecuado para esbozar palabras de sentido en relación a su misterio, que de todos modos permanece. Y sin embargo los primeros signos de civilización humana han transitado justamente a través de este enigma. Podríamos decir que el hombre ha nacido con el culto a los muertos.

Otras civilizaciones, antes de la nuestra, han tenido la valentía de mirarla en la cara. Era un acontecimiento narrado por los viejos a las nuevas generaciones, como una realidad ineludible que obligaba al hombre a vivir para algo de absoluto. Recita el salmo 90: «Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría» (v. 12).

Contar los propios días como el corazón se hace sabio. Palabras que nos conducen a un sano realismo, expulsando el delirio de omnipotencia. ¿Qué cosa somos nosotros? Somos «casi nada», dice otro salmo (Cfr. 88,48); nuestros días transcurren velozmente: si viviéramos incluso cien años, al final nos parecerá que todo haya sido un soplo. Tantas veces yo he escuchado a los ancianos decir: “La vida se me ha pasado como un soplo”.

Así la muerte pone al desnudo nuestra vida. Nos hace descubrir que nuestros actos de orgullo, de ira y de odio eran vanidad: pura vanidad. Nos damos cuenta con tristeza de no haber amado lo suficiente y de no haber buscado lo que era esencial. Y, por el contrario, vemos lo que verdaderamente bueno hemos sembrado: los afectos por los cuales nos hemos sacrificado, y que ahora nos sujetan la mano.

Jesús ha iluminado el misterio de nuestra muerte. Con su comportamiento, nos autoriza a sentirnos dolidos cuando una persona querida se va. Él se conmovió «profundamente» ante la tumba de su amigo Lázaro, y «lloró» (Jn 11,35). En esta actitud, sentimos a Jesús muy cerca, nuestro hermano. Él lloró por su amigo Lázaro.

Y entonces Jesús pide al Padre, fuente de la vida, y ordena a Lázaro salir del sepulcro. Y así sucede. La esperanza cristiana recurre a esta actitud que Jesús asume contra la muerte humana: si ella está presente en la creación, pero ella es un signo que desfigura el diseño de amor de Dios, y el Salvador quiere sanarla.

En otro pasaje los evangelios narran de un padre que tenía una hija muy enferma, y se dirige con fe a Jesús para que la salve (Cfr. Mc 5,21-24.35-43). Y no existe una figura más conmovedora de aquella de un padre o de una madre con un hijo enfermo. Y enseguida Jesús se dirige con aquel hombre, que se llamaba Jairo.

A cierto momento llega alguien de la casa de Jairo y le dice que la niña está muerta, y no hay más necesidad de molestar al Maestro. Pero Jesús dice a Jairo: «No temas, basta que creas» (Mc 5,36). Jesús sabe que este hombre está tentado de reaccionar con rabia y desesperación, porque ha muerto la niña, y le pide custodiar la pequeña llama que está encendida en su corazón: fe. “¡No temas, sólo ten fe!”. “¡No tengas miedo, continúa solamente teniendo encendida esa llama!”. Y después, llegados a la casa, despierta a la niña de la muerte y la restituirá viva a sus seres queridos.

Jesús nos pone sobre esta “cima” de la fe. A Marta que llora por la desaparición del hermano Lázaro presenta la luz de un dogma: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». (Jn 11,25-26).

Es lo que Jesús repite a cada uno de nosotros, cada vez que la muerte viene a arrancar el tejido de la vida y de los afectos. Toda nuestra existencia se juega aquí, entre el lado de la fe y el precipicio del miedo. “Yo no soy la muerte, dice Jesús, yo soy la resurrección y la vida, ¿crees tú esto?, ¿crees tú esto?”. Nosotros, que hoy estamos aquí en la Plaza, ¿creemos en esto?

Somos todos pequeños e indefensos ante el misterio de la muerte. ¡Pero, que gracia si en ese momento custodiamos en el corazón la llama de la fe! Jesús nos tomará de la mano, como tomó de la mano a la hija de Jairo, y repetirá todavía una vez: “Talitá kum”, “¡Niña, levántate!” (Mc 5,41).

Lo dirá a nosotros, a cada uno de nosotros: “¡Levántate, resurge!”. Yo los invito, ahora, tal vez a cerrar los ojos y a pensar en aquel momento: de la nuestra muerte. Cada uno de nosotros piense a su propia muerte, y se imagine ese momento que llegará, cuando Jesús nos tomará de la mano y nos dirá: “Ven, ven conmigo, levántate”.

Ahí terminará la esperanza y será la realidad, la realidad de la vida. Piensen bien: Jesús mismo vendrá a cada uno de nosotros y nos tomará de la mano, con su ternura, su humildad, su amor. Y cada uno repita en su corazón la palabra de Jesús: “¡Levántate, ven! ¡Levántate, ven! ¡Levántate, resurge!”.

Esta es nuestra esperanza ante la muerte. Para quién cree, es una puerta que se abre completamente; para quién duda es un resquicio de luz que filtra de una puerta que no se ha cerrado del todo. Pero para todos nosotros será una gracia, cuando esta luz, del encuentro con Jesús, nos iluminará. Gracias.

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4 imperdibles consejos de Santa Teresa de Ávila


Todos sabemos que Santa Teresa de Ávila fue la primera mujer en ser proclamada Doctora de la Iglesia, título reservado a grandes maestros de la fe para todos los tiempos. Pero más allá de su capacidad intelectual debemos admirar en ella la sencillez de corazón con la que vivía y su capacidad para amar a Dios en lo cotidiano. Por eso estos imperdibles consejos de Santa Teresa de Ávila pueden ser practicados por todos nosotros:

1. Orar

“Gran bien hace Dios a un alma que la dispone para tener oración… y si en ella persevera, por pecados y tentaciones y caídas de mil maneras que ponga el demonio, en fin, tengo por cierto la saca el Señor a puerto de salvación, como me ha sacado a mí…

…De lo que yo tengo experiencia puedo decir, y es que por males que haga quien ha comenzado a orar, no deje de orar, pues la oración es el medio por donde puede tornarse a remediar, y sin ella será más dificultoso.

…Y no le tiente el demonio, como a mí, a dejarla por humildad…

…Y quien no ha comenzado a orar, por amor del Señor le ruego yo no carezca de tanto bien…

…no es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con Quien sabemos nos ama.” (Libro de la vida, cap. 8, #4-5).

2. Amar y temer

“Tomad este aviso, que no es mío, sino de vuestro Maestro: procurad caminar con amor y temor. Y yo os aseguro: el amor os hará apresurar los pasos; el temor os hará ir mirando adónde ponéis los pies para no caer…

Quien de veras ama a Dios, todo lo bueno ama, todo lo bueno quiere, todo lo bueno favorece, todo lo bueno alaba, con los buenos se junta, siempre los defiende, todas las virtudes abraza; no ama sino verdades y cosa que sea digna de amar. ..” (Camino de perfección, cap. 69, 1.3).

3. No hablar mal

“No tratar mal de nadie, por poco que fuese… no querer ni decir de otra persona lo que no querría dijesen de mí… A donde yo estaba (los demás) tenían seguras las espaldas…”. (Libro de la Vida, cap. 6, #3).

4. Andar en verdad

“Andemos en verdad delante de Dios y de las gentes, de cuantas maneras pudiéremos; en especial, no queriendo nos tenga por mejores de lo que somos, y en nuestras obras dando a Dios lo que es suyo y a nosotros lo que es nuestro, y procurando sacar en todo la verdad y así tener en poco este mundo, que es todo mentira y falsedad, y como tal no es durable.

Una vez estaba yo considerando por qué razón nuestro Señor es tan amigo de esta virtud de la humildad… Porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad.” (Sexta morada, cap. 10, #7-8).

Esto es sólo una probadita microscópica de lo escrito por esta gran santa, entre cuyas obras se cuentan, el ‘Libro de la Vida’, autobiográfico; el ‘Camino de perfección’; las ‘Moradas del Castillo Interior’ y ‘Cuentas de conciencia’, con valiosos consejos espirituales; ‘Exclamaciones’ y ‘Poesías’, de una gran belleza; el libro de las ‘Fundaciones’, con que reformó su orden del Carmelo; las ‘Constituciones’ de su orden, y cientos de cartas. ¡No te las pierdas! Busca en internet: ‘obras completas de santa Teresa de Ávila’. Están disponibles gratuitamente.

siame.mx

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Vaticano desmiente rumores sobre muerte de Benedicto XVI


Desde hace unos días, a través de la red social de mensajería instantánea Whatstapp, se ha propagado el rumor de que la salud de Benedicto XVI se habría resentido gravemente y otros mensajes en los que se asegura que incluso habría muerto.

Sin embargo, la Vice directora de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Paloma García Ovejero, ha desmentido de forma categórica ambos rumores.

Hoy mismo, en España los bulos han ido a más y son muchos los que están recibiendo mensajes en los que se da por hecho que el Papa emérito habría muerto.

Ayer, el Secretario personal de Benedicto XVI, el Arzobispo Georg Ganswein, también tuvo que salir al paso de los rumores sobre el estado de salud del Papa emérito y explicó cómo está realmente Joseph Ratzinger.

“El hermano Georg Ratzinger ha vuelto a casa ayer. Ambos han pasado un buen tiempo, creo que han sido de los mejores días”, explicó el Arzobispo haciendo ver que el estado de salud del Papa emérito no ha sufrido cambios.

aciprensa.com

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sábado, 14 de octubre de 2017

“Buf… ¡Qué pereza!”

Te imaginas cuáles pueden ser las frases más repetidas de un joven de hoy en día? Quizá ni nos damos cuenta cuando las decimos pero son “Estoy cansado” y “¡Qué pereza!”. Creo que casi nos salen automáticas. Cuando no sabemos qué decir nos salen solas, como una muletilla, ¿Preocupante no? Parecemos unos viejos de 20 años… Nos proponen un plan y decimos… ¡Qué pereza! O cuándo preguntamos, “¿Y qué toca ahora? Buf… ¡qué pereza!”. Somos unos auténticos quejicas.

La pregunta es por qué solemos reaccionar así, cómo podemos actuar de este modo, pero si ¡somos jóvenes! Creo que muchas veces no entendemos por qué hacemos las cosas, como si la vida solo fuera un “ir haciendo”. Cuántos jóvenes viven aún sin ningún sentido más que pasárselo bien. Pero, ¿de verdad estamos aquí solo para pasárnoslo bien? ¿Para hacer solo lo que nos gusta? Que vida tan pequeña, ¿no?

Tenemos que vivir nuestra vida A LO GRANDE, viviendo cada momento como si fuera el último, como si solo tuviésemos este momento para amar muchísimo. Hay que amar siempre, a todos y con una profunda alegría, que se pueda decir de nosotros “a nadie excluyó de su amor”.

Si vivimos así, no habrá momento para el ¡qué pereza! O ¡estoy cansado! Porque cada momento requiere de nuestro amor, de la mejor versión de nosotros mismos. Hay que vivir el presente llenándolo de amor, de verdad. Entonces nuestra vida será una vida digna de ser vivida. Vive realmente la vida que quieres vivir, lo que Dios quiere para ti en cada momento.

Ahora Dios seguramente querrá que estudies, pues hazlo con muchísimo amor, como verdaderamente tu misión ahora. A partir de ahora, prohibido decir “¡qué pereza!” o “estoy cansado”, es injusto con los demás, contigo y con el Señor. Una persona alegre, feliz se gana los corazones de todos, no una persona aburrida y seria que todo el día está cansada. Si llenas cada minuto de amor nunca será un día perdido, un día aburrido. ¡Pruébalo!

Patimessa
jovenescatolicos.es

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viernes, 13 de octubre de 2017

Me da miedo Señor decirte si

Me da miedo decir "sí". ¿Adónde me acabarás llevando? Me da miedo sacar la paja más larga, me da miedo firmar la hoja en blanco, me da miedo decir un "si" que traerá cola. Y con todo no puedo vivir en paz. Tú me sigues, me cercas por todos lados. Y yo busco el ruido porque me da miedo oírte, pero Tú te deslizas en el menor silencio. Yo cambio de camino cuando te veo venir pero al fin de este nuevo sendero Tú me estás esperando. ¿Dónde me esconderé? En todas partes te encuentro: ¡ No hay modo de escaparse de Tí !

Y yo tengo miedo de decir "sí", Señor. Tengo miedo de darte la mano: te quedarías con ella. Tengo miedo de cruzarme con tu mirada: eres un seductor. Tengo miedo de tu exigencia: eres un Dios celoso. Estoy acorralado y trato de esconderme. Estoy cautivo, pero me debato y lucho sabiéndome vencido. Tú eres más fuerte, Señor. Tú posees el mundo y me lo quitas. Cuando extiendo la mano para coger a una persona o una cosa, todas se desvanecen delante de mis ojos. Y no, no es agradable eso de no poder cogerse nada para uno: si corto una flor se me marchita entre los dedos, si lanzo una carcajada se me hiela en los labios, si danzo un vals me quedo jadeante y nervioso. Y todo me parece vacío, todo se me hace hueco. En torno a mí Tú has hecho el desierto. Y tengo hambre y sed y el mundo no podría alimentarme.

¡Pero si yo te amaba, Señor! ¿Qué es, entonces, lo que yo te he hecho? Yo trabajaba por Ti y yo me entregaba. Oh gran Dios terrible, ¿qué más quieres?

Hijo mío, Yo quiero más de ti y del mundo. Antes tú me dabas tu acción y eso no me sirve para nada. Tú me invitabas a bendecirla, me invitabas a sostenerla, querías interesarme en tu trabajo. Pero fíjate bien, al hacerlo hijo mío, tú invertías el juego. Yo antes veía tu buena voluntad, te seguía con los ojos, pero ahora quiero más: no se trata de que tú hagas tu acción, sino la voluntad de tu Padre del cielo. Di "sí" hijo mío. Necesito tu "sí" como necesité antaño el de María para venir al mundo, porque soy Yo quien debe meterse en tu trabajo, entrar en tu familia, en tu barrio, Yo, y no tú. Porque es mi mirada la que penetra y no la tuya, es mi palabra la que arrastra y no la tuya, es mi vida la que transforma y no la tuya. Dame todo, ponlo todo en mis manos. Yo necesito tu "sí" para desposarme contigo y descender a la tierra, necesito tu "sí" para seguir salvando al mundo.

Oh, Señor, tus exigencias me dan miedo, pero ¿quién puede resistirte?

Para que tu Reino llegue y no el mío, para que se cumpla tu voluntad y no la mía, ayúdame a decir "sí".

Michel Quoist
motivaciones.org

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miércoles, 11 de octubre de 2017

Los cristianos no se rinden nunca. Papa Francisco en Audiencia General


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera detenerme en aquella dimensión de la esperanza que es la espera vigilante. El tema de la vigilancia es uno de los hilos conductores del Nuevo Testamento. Jesús predica a sus discípulos: «Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta» (Lc 12,35-36). En este tiempo que sigue a la resurrección de Jesús, en el cual se alternan en continuación momentos serenos y otros angustiantes, los cristianos no descansan jamás. El Evangelio exige ser como los siervos que no van jamás a dormir, hasta que su señor no haya regresado. Este mundo exige nuestra responsabilidad, y nosotros la asumimos toda y con amor. Jesús quiere que nuestra existencia sea laboriosa, que bajemos jamás la guardia, para recibir con gratitud y maravilla cada nuevo día donado por Dios. Cada mañana es una página blanca que el cristiano comienza a escribir con las obras de bien. Nosotros hemos ya sido salvados por la redención de Jesús, pero ahora esperamos la plena manifestación de su señoría: cuando finalmente Dios será todo en todos (Cfr. 1 Cor 15,28). Nada es más cierto, en la fe de los cristianos, de esta “cita”, este encuentro con el Señor, cuando Él regrese. Y cuando este día llegará, nosotros cristianos queremos ser como aquellos siervos que han pasado la noche ceñidos y con las lámparas encendidas: es necesario estar listos para la salvación que llega, listos para el encuentro. Ustedes, ¿han pensado cómo será este encuentro con Jesús, cuando Él regrese? ¡Será un abrazo, una alegría enorme, un gran gozo! Este encuentro: nosotros debemos vivir en espera de este encuentro.

El cristiano no está hecho para el aburrimiento; en todo caso para la paciencia. Sabe que incluso en la monotonía de ciertos días siempre iguales está escondido un misterio de gracia. Existen personas que con la perseverancia de su amor se convierten en pozos que irrigan el desierto. Nada sucede en vano, y ninguna situación en la cual un cristiano se encuentra inmerso es completamente refractaria al amor. Ninguna noche es tan larga de hacer olvidar la alegría de la aurora. Y cuando más oscura es, más cerca está la aurora. Si permanecemos unidos a Jesús, el frio de los momentos difíciles no nos paraliza; y si incluso el mundo entero predicara contra la esperanza, si dijera que el futuro traerá sólo nubes oscuras, el cristiano sabe que en ese mismo futuro existe el regreso de Cristo. ¿Cuándo sucederá esto? Nadie sabe el tiempo, no lo sabe, pero el pensamiento que al final de nuestra historia está Jesús Misericordioso, basta para tener confianza y no maldecir la vida. Todo será salvado. Todo. Sufriremos, habrán momentos que suscitan rabia e indignación, pero la dulce y poderosa memoria de Cristo expulsará la tentación de pensar que esta vida es equivocada.

Después de haber conocido a Jesús, nosotros no podemos hacer otra cosa que observar la historia con confianza y esperanza. Jesús es como una casa, y nosotros estamos adentro, y por las ventanas de esta casa nosotros vemos el mundo. Por esto, no nos encerremos en nosotros mismos, no nos arrepintamos con melancolía un pasado que se presume dorado, sino miremos siempre adelante, a un futuro que no es sólo obra de nuestras manos, sino que sobre todo es una preocupación constante de la providencia de Dios. Todo lo que es opaco un día se convertirá en luz.

Y pensemos que Dios no se contradice a sí mismo. Jamás. Dios no defrauda jamás. Su voluntad en relación a nosotros no es nublada, sino es un proyecto de salvación bien delineado: «porque Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4). Por lo cual no nos abandonemos al fluir de los eventos con pesimismo, como si la historia fuese un tren del cual se ha perdido el control. La resignación no es una virtud cristiana. Como no es de los cristianos levantar los hombros o inclinar la cabeza adelante hacia un destino que nos parece ineludible.

Quien trae esperanza al mundo no es jamás una persona remisiva. Jesús nos pide esperarlo sin estar con las manos cruzadas: «¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada!» (Lc 12,37). No existe un constructor de paz que al final de la cuenta no haya comprometido su paz personal, asumiendo problemas de los demás. Este no es un constructor de paz: este es un ocioso, este es un acomodado. No es constructor de paz quien, al final de la cuenta, no haya comprometido su paz personal asumiendo los problemas de los demás. Porque el cristiano arriesga, tiene valentía para arriesgar para llevar el bien, el bien que Jesús nos ha donado, nos ha dado como un tesoro.

Cada día de nuestra vida, repitamos esta invocación que los primeros discípulos, en su lengua aramea, expresaban con las palabras Marana-tha, y que lo encontramos en el último versículo de la Biblia: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22,20). Es el estribillo de toda existencia cristiana: en nuestro mundo no tenemos necesidad de otra cosa sino de una caricia de Cristo. Que gracia sí, en la oración, en los días difíciles de esta vida, sentimos su voz que responde y nos consuela: «¡Volveré pronto!» (Ap 22,7). Gracias.

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lunes, 9 de octubre de 2017

Argumentos pro aborto

En un artículo publicado en la revista científica Public Discourse de The Witherspoon Institute, se explican 10 de los peores, pero más usados argumentos de quienes promueven el aborto.

“Estos no son, y no están destinados a representar, lo mejor que la literatura académica tiene que ofrecer. Más bien, revelan el triste y preocupante estado de la posición proaborto”, sostuvo David Hershenov, autor del artículo, Phd, profesor de la Universidad de Buffalo (Estados Unidos) y especialista en metafísica, bioética y filosofía de la medicina.

1. Las mujeres ricas pueden abortar, las pobres no: “Derecho igualitario a romper la ley”

David Hershenov señaló que sus estudiantes consideran que “no es aceptable que sea más fácil recurrir al aborto ilegal para las mujeres ricas que para las pobres”.

“Confieso que, por mi parte, no recuerdo ninguna defensa de un derecho igualitario a romper la ley de la Carta Magna, la Ley Americana de Derechos, o la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas”, añadió.


Finalmente, enfatizó que “tal vez nadie ha reconocido el derecho porque no existe tal derecho”, y porque “un derecho igualitario a violar la ley podría socavar la ley misma”.

2. Los provida solo se preocupan del que está por nacer

Según Hershenov es bastante común oír a los estudiantes criticar a los provida por no estar suficientemente preocupados por el bienestar de los seres humanos en otros estados del desarrollo vital.

“Una mirada más caritativa de mis estudiantes es que creen que los provida son hipócritas impulsados por preocupaciones distintas al respeto por la vida del feto. Incluso si eso fuera así, ¿importaría? La posición provida es o no verdadera con independencia de la hipocresía de las personas que la sostienen”, sostuvo el especialista.

3. La incapacidad de los hombres de quedar embarazados
 

Hershenov también indicó que algunos estudiantes sugieren que como los hombres no pueden quedar embarazados, no deberían entrar en el debate del aborto.

Luego, recordó que el caso Roe contra Wade (la decisión que aprobó la ley del aborto en 1973 en Estados Unidos) fue tomada a por nueve hombres en el Tribunal Supremo y aseguró que sus estudiantes no estarían de acuerdo con la legitimidad de tal decisión.

“Lo que mis alumnos tratan de decir es que los hombres pueden hablar sobre aborto en la medida en que su acción ayude a permitir a las mujeres tomar la decisión de abortar por sí mismas”, detalló el experto en bioética.

“Suponiendo que esto determine el debate”, sus alumnos “tienden a olvidar que hay mujeres provida”.

“Su política restrictiva sobre la libertad de expresión no elimina a su oposición, sino que crea una confrontación entre las mujeres provida y las mujeres proaborto”, añadió.

4. Las cargas del embarazo y la crianza de los hijos no están distribuidas de forma igualitaria

“Sospecho que, si los hombres también quedaran embarazados y, en consecuencia, experimentaran las limitaciones correspondientes, los defensores igualitaristas del aborto seguirían respaldando el ‘derecho’ al aborto”, puntualiza Hershenov.

De forma similar, indicó que estos “no reconsiderarían algunos derechos si en nuestra sociedad la maternidad incrementara el estatus de la mujer o su poder por encima del hombre” o “si los hombres fueran legalmente obligados a encargarse de más tareas del cuidado de los hijos”.

Hershenov afirmó que, aunque pueda existir una distribución desigual de las cargas, eso “no justifica matar al niño antes de darlo a luz”.

5. Motivaciones religiosas inspiran a todos o casi todos los provida

Hershenov indicó que a su clase siempre le asigna el ensayo ‘¿Por qué el aborto es inmoral?’ de Don Marquis e inevitablemente lo acusan de tener motivaciones religiosas.

“Pero Marquis es ateo. En el artículo, critica los argumentos contra el aborto basados en la inviolabilidad de la vida. Cuando los proaborto acusan a los provida ateos de tener motivaciones religiosas, estoy perdido. Tal vez los proaborto creen que la influencia del Espíritu Santo es penetrante”, añadió.

6. El peligro del aborto ilegal

Con indignación, muchos estudiantes de Hershenov contestan con frecuencia que si el aborto está prohibido, más mujeres morirán en abortos clandestinos.

“Los fetos y recién nacidos tienen un estatus metafísico y moral comparable, que hacen su muertes más o menos igualmente dañinas. Si los padres resultaran muertos accidentalmente en el intento de realizar un infanticidio clandestino, la respuesta correcta desde la sociedad no sería la de legalizar el infanticidio y entrenar a personal para matar de la manera más ‘segura’ posible para sus padres”, explicó el especialista.

7. Matar para evitar las cargas

Debido a que los hijos son caros y consumen tiempo, el aborto es un asunto de ‘justicia social’, indica Hershenov, y añade que sus alumnos defienden el aborto sobre la base de que evita que los niños “nazcan entre pobreza, hogares rotos, vecindarios complicados, malformaciones u otras adversidades”.

“Si consideraciones como estas son razones suficientes para algunas mujeres para abortar en algunos lugares y momentos, entonces son razones suficientes para el infanticidio en circunstancias similares”, aseguró.

8. El feto es “literalmente” una parte de la mujer embarazada

“Algunos estudiantes, (generalmente de postgrado) insisten en que el feto es literalmente una parte de la madre y no una sustancia distinta que ocupa una cavidad en su interior. Si el feto no es una persona distinta, sugieren, entonces puede ser eliminado”, señala Hershenov.

En ese sentido el experto indicó que, primero, sus alumnos alegan que “el aborto remedia la violación del feto sobre la integridad corporal de la madre. Sin embargo, si el feto es una parte de la madre no puede violar su integridad corporal, porque solo algo que no es una parte del cuerpo puede violar su integridad corporal.”

“Segundo, el feto es en ocasiones considerado un intruso. Pero una parte de uno mismo no puede ser un intruso de sí mismo”, añadió.

9. Viabilidad

El experto sostuvo que algunos de sus alumnos creen “que mientras el feto llega a ser viable y puede sobrevivir de forma independiente a la madre, está permitido matarlo. Pero esta consideración, de nuevo, podría justificar el infanticidio”.

“Más arriba hemos tratado la posibilidad de que dar de mamar es la única fuente disponible para la crianza, en cuyo caso un bebé dependería del cuerpo de su madre para sobrevivir”, dijo Hershenov, y añadió que también “pacientes de la UCI no son viables, pues dependen, de los cuerpos de otros o de máquinas para su supervivencia”.

10. Nulo conocimiento del futuro

Finalmente, los alumnos de Hershenov señalan que el feto abortado “no sabe qué es lo que se pierde”.

“La injusticia del asesinato, asegura el argumento, está en que priva a la víctima de su futuro, pero el feto no tiene idea sobre su futuro. Esto cierto, pero es también una verdad que le pertenece al niño asesinado”, indicó.

“Algunos responden que el feto inconsciente, a diferencia del niño, no siente dolor. Pero la anestesia puede eliminar esta objeción”, concluyó.

aciprensa.com

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San Dionisio


Obispo
Año 265

Que el Espíritu Santo siga enviando a su Iglesia sabios y
santos que aviven en todo el pueblo un
gran amor hacia Dios y una gran caridad hacia los demás.

Valioso es un amigo fiel. Su precio es incalculable (S. Biblia Ecl. 6, 15)

Entre los muchos santos que han llevado el nombre de Dionisio, el santo de hoy fue llamado "El Grande", o Dionisio Magno. San Atanasio lo llamó "Maestro de la Iglesia Católica", por su gran sabiduría y el notable ascendiente que tuvo entre los católicos de su tiempo.
Nació y vivió en Alejandría, Egipto. Al principio era pagano, pero después de haber tenido una visión, y al dedicarse a estudiar la S. Biblia se dio cuenta de que la verdadera religión es la católica y se convirtió.

En aquellos tiempos la escuela de teología más famosa que tenía nuestra Santa Iglesia era la de Alejandría. Allá iban a enseñar o a aprender los más destacados intelectuales del clero y Dionisio brilló allí como un alumno especialmente dotado de gran inteligencia y de prodigiosa memoria, y poco después de graduarse fue nombrado como director de tan famosa escuela, cargo que ejerció durante 15 años con aplauso de todos.

En el año 247 Dionisio fue elegido obispo de Alejandría, pero luego empezaron las persecuciones. Al principio eran los sacerdotes paganos que incitaban al populacho contra los seguidores de Cristo. Luego estalló la terrible persecución de Decio, y lo primero que hizo el gobernador de Alejandría fue mandar llevar preso a Dionisio. Los perseguidores lo buscaron por todas partes, menos en su casa, pues se imaginaban que había salido huyendo. Pero él no se había movido de su habitación.
A los cuatro días Dionisio dispuso huir con todos sus ayudantes pero la policía los atrapó y se los llevó presos a todos, menos a uno de los empleados que logró huir a contar la noticia. El fugitivo se encontró con un enorme grupo de personas que se dirigían a celebrar unas bodas y les narró lo sucedido. Aquellas gentes se llenaron de indignación y con palos y piedras atacaron a la policía y les quitaron a los prisioneros. Dionisio se oponía a esto, y se entristecía de que ya no podía ser mártir. Pero aquellos hombres no le hicieron caso a sus ruegos sino que lo subieron sobre una mula y lo mandaron al desierto, para que allá quedara libre de los perseguidores. En el desierto estuvo varios años hasta que terminó la persecución.

Al volver a Alejandría se encontró con que algunos teólogos se oponían al Pontífice de Roma y le pedían a él que los apoyara en esta oposición. Dionisio escribió a Novaciano, que era jefe de los rebeldes: "Es necesario estar resuelto a sufrir cualquier otro daño, antes que destruir la unidad de la Iglesia. Hay que estar tan dispuesto a morir a favor de la unidad de la Iglesia, como estaría uno dispuesto a morir por defender la fe". Y siguió siendo fiel al Papa de Roma.

El hereje Novaciano decía que a los que cometen faltas muy graves no se les debe perdonar nunca. San Dionisio, apoyando lo que enseñaba el Papa San Cornelio, escribió varias cartas recomendando tener una gran misericordia con los pecadores, y narraba cómo cuando un pobre que había sido muy pecador en la vida, estando moribundo pedía el perdón y la comunión, no teniendo más con quién enviarle la eucaristía, le mandaron la comunión con un niñito, y el pobre pecador al comulgar exclamó: "Ya he quedado libre de mis pecados. Puedo partir tranquilo para la eternidad". Y cuenta el santo que aquel hombre pecador Dios le conservó milagrosamente la vida hasta que llegó el que llevaba la Sagrada Eucaristía.

Dionisio que había estudiado y enseñado por 15 años lo referente a la S. Biblia, empleó con gran maestría una serie de frases muy especiales de la Sagrada Escritura para combatir a los herejes. Estas respuestas de tan notable sabio sirvieron mucho en los siglos siguientes para enfrentarse a los que negaban verdades de nuestra santa religión.

En el año 257 estalló la persecución de Valeriano. El gobernador de Egipto llamó a Dionisio y a sus sacerdotes y les exigió que adoraran a los ídolos del imperio. El santo obispo respondió: "Nosotros los seguidores de Cristo no adoramos sino al único Dios que existe, que es el Creador de cielos y tierra. Rezamos por Valeriano y los demás gobernantes, pero en cuanto a la religión sólo obedecemos a nuestra Santa Iglesia. Ofrecemos oraciones y sacrificios por la paz, el bienestar y la prosperidad de la patria, pero en cuestiones religiosas dependemos solamente de Nuestro Señor Jesucristo". Por más que el gobernador trató de convencerlos para que adoraran a sus ídolos, ellos no aceptaron, y fueron desterrados al terrible desierto de Libia.

Pero a los dos años el emperador perseguidor fue hecho prisionero y esclavo por sus enemigos, y Dionisio y sus sacerdotes pudieron volver a Alejandría. Mas allá se encontraron que por falta de enseñanzas religiosas las gentes se habían vuelto violentísimas y peleaban y se mataban por cualquier cosa (la mayor parte de esas gentes eran paganas). No se podía ya ni salir a la calle sinpeligro de ser asesinados. El santo obispo escribía: "Es más peligroso andar tres cuadras por esta ciudad, que viajar 300 kilómetros por el resto de la nación". Les faltaba el espíritu cristiano, que es caridad, perdón y paz con todos.

Y para colmo de penas llegaron la peste de tifo negro y la disentería. Las gentes morían por centenares, pero entonces brilló la caridad cristiana. Mientras los paganos echaban los cadáveres a las calles y desterraban de sus casas a los enfermos, los cristianos dirigidos por su obispo, sepultaban caritativamente a los muertos y asistían con gran caridad a los infectados. Esto les atrajo muchas simpatías en la gran ciudad.

Después de haber sido obispo de Alejandría por 17 años dando muestra de gran prudencia y santidad y ganándose la simpatía y la admiración de creyentes e incrédulos, San Dionisio murió en el año 265.
San Epifanio cuenta que por muchos años las gentes lo recordaban como un verdadero padre y maestro, y dedicaron un templo en su honor. Sus virtudes y sus sabios escritos le dieron fama universal.

ewtn.com

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jueves, 5 de octubre de 2017

Confía en Dios - Siervas

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El cuerpo también reza

Debemos rechazar la idea de que el cuerpo no participa en la oración. De hecho, nuestras almas se expresan por intermedio de nuestros cuerpos. Somos espíritus encarnados. Los monjes lo saben: sus deseos son para Dios, y ellos oran con sus cuerpos cuando se ponen de pie, se sientan y cantan los salmos de cada día.

Ellos también creen que el trabajo corporal, hecho con la intención de servir a Dios, es oración. Ignacio de Loyola estaría de acuerdo, con entusiasmo. Agustín dice que los que cantan, rezan dos veces. Inclinamos nuestros cuerpos en señal de adoración. Unimos nuestras manos y bendecimos nuestros cuerpos con la señal de la Cruz. Recibimos la hostia consagrada y la comemos. Vamos en peregrinación, que es una oración corporal, con su abandono de nuestras comodidades: nos enfocamos en la meta del peregrinaje con nuestros cuerpos, además de nuestros corazones. En verdad el cuerpo ora; porque es como personas humanas, cuerpos y almas, y no como ángeles, como nos presentaremos ante nuestro Dios. No escucharemos a Dios decir: “Ahora, cuando oren, dejen atrás vuestros cuerpos. Estoy interesado sólo en vuestras almas!”

Mi madre tuvo una apoplejía a mediados de sus setenta años, y falleció cuatro años después. Yo estaba con ella esa mañana, acompañado de un amigo, cuando su respiración comenzó a fallar. En un momento, ella espiraba, y luego de una pausa larguísima volvía a inspirar. Finalmente ella espiró, y esperamos, paralizados, que ella volviera a respirar. Sin atrevernos a respirar, esperamos cinco, diez, veinte, treinta segundos, un minuto… Pero no respiró más. Ella se había ido.

Para aquellos que aman a Dios, el último aliento, ya sea consciente o no, se compara con la oración de Jesús cuando dijo: “Padre, en Tus Manos encomiendo mi Espíritu” (Lucas 23:46). Su Padre había sido el deseo de todo su ser, cuerpo y alma, a lo largo de toda su vida, incluso cuando estaba activo o dormido. El Padre es también nuestro deseo. La concentración de nuestra mente puede fallar por momentos durante el tiempo de oración; pero nuestro cuerpo se mantiene en el lugar de oración. Si alguien me preguntara qué estaba yo haciendo, le diría: “Sólo deseo estar con Dios, y esto es lo mejor que puedo hacer para conseguirlo”.

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