martes, 13 de marzo de 2018

¿Cristo viene o Cristo está?

Todos los cristianos esperamos con asombro la venida de Jesucristo al final de los tiempos anunciada por él mismo. Los católicos esperamos esa llegada pero, sin ansiedad ya que actualmente ya disfrutamos de la presencia real y cercanía de Jesucristo. ¨Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo» (Mt 28-20). ¨ No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. (Jn 18-20)

Es llamativo, sin embargo, que en muchos grupos protestantes la idea de ¨Cristo viene¨ o ¨Cristo vendrᨠes como un telón de fondo permanente en su vida y su predicación.

La presencia real de Jesucristo en la eucaristía marca una diferencia abismal en la vida de los primeros cristianos frente a los judíos y actualmente de los cristianos católicos respecto a muchos protestantes.

En el siglo primero de nuestra era, prácticamente todos los pueblos que Jesús visitó tenían su propia sinagoga. Las ciudades grandes tenían varias, y en Jerusalén había muchísimas.

La sinagoga se equipaba con muy pocos muebles. Uno de los elementos principales era un arca, o cofre, donde se guardaba la posesión más valiosa del pueblo: los rollos de las Sagradas Escrituras. El arca se llevaba a un lugar seguro, pero durante el servicio religioso se colocaba a la vista. Al terminar, se devolvía a su sitio.

Cerca del arca y de cara al auditorio estaban los asientos de los que presidían la sinagoga y de los invitados especiales. Más al centro de la sala se levantaba una especie de plataforma, que tenía un atril y un asiento para el orador. En tres lados de esta plataforma había gradas para el auditorio.

La explicación del texto sagrado se reservaba a un rabino o algún fiel versado en el conocimiento de la ley mosaica.

Como Jesucristo, los Apóstoles y los primeros cristianos siguieron frecuentando el templo de Jerusalén: a las horas de oración y para predicar (Act 3,1; 5,20-21; 5,4,2; 21,26; 22,17) aunque también se reunían en otros sitios, sobre todo, como es lógico, para el sacrificio eucarístico, generalmente en la mejor habitación de sus mismas casas (que solía ser la sala superior), mientras no dispusieron de lugares más adecuados (Act 1,14; 2,1 ss.; 10,9; 12,12;). Muchos de estos lugares para el culto cristiano aparecen expresamente nombrados en el N. T.: en Jerusalén la casa de María madre de Marcos (Act 12,12), en Éfeso, la escuela de Tiranno (Act 19,9); en Corinto, la casa de Tito (Act 18,7); en Colosas, la de Filemón (Philp 2); en Laodicea, la de Ninfa (Col 4,15); en Roma, la de Aquila y Priscila (Rom 16,3-5; 1 Cor 16,19); en otras ocasiones no se indica el propietario (Act 10,9; 20,7). Lugares que en general quedaban consagrados al culto y se distinguían de las casas ordinarias (cfr. 1 Cor 14,33-35 y 11,17-34), llegándose, conforme crecía el número de los cristianos, a dedicar a ello exclusivamente una casa completa o edificios hechos para este único fin.
Las casas dedicadas exclusivamente al culto-se adaptaron a las necesidades, utilizando sus dos grandes partes bien definidas, atrium y perystilum, para la instrucción de los catecúmenos y el sacrificio eucarístico, respectivamente. Sobre ellas se inspiró la construcción de los primeros templos cristianos,

El culto cristiano enlaza y continúa en cierto modo con el culto judío en las sinagogas (oración y lectura de la S. E.), pero lo sobrepasa y supera ampliamente, así como al culto del templo de Jerusalén, puesto que el templo cristiano es el lugar del sacrificio eucarístico y de la reserva de la Eucaristía, presencia real, verdadera y sustancial de Cristo en las especies sacramentales.

Con el paso de los siglos, la espiritualidad cristiana se ha ido desarrollando y, paralelamente, la liturgia. Este crecimiento espiritual, se ha ido expresando en las iglesias, recogiendo toda esa riqueza histórica de espiritualidad en la liturgia y el arte cristiano: imágenes de los santos (como distintas maneras de seguir al único modelo, Jesucristo), pintura, escultura, música, arquitectura, poesía, literatura.

Todos estos elementos han ido enriqueciendo los templos cristianos pero, el centro sigue siendo el Altar y el Sagrario, donde nos encontramos con Cristo vivo y presente que nos hace pensar sin temor en el Cristo que vendrá al final de los tiempos.

Esa riqueza espiritual, que los protestantes no poseen, hace que sus templos se asemejan a las sinagogas judías, esperando la venida del Mesías: ellos esperan a ¨Jesucristo que viene¨, ignorando que se quedó entre nosotros.

Sus templos son como salas de conferencia bíblicas, vacíos de 20 siglos de espiritualidad, como las sinagogas.

De la fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía nace la belleza y riqueza espiritual y artística de los templos cristianos.

Para ellos, Cristo resucitó y ascendió al Cielo, de donde regresará al final de los tiempos pero, no lo tienen ahora y siempre cercano en la eucaristía, se han quedado como huérfanos.

Javier Ordovàs
catholic.net

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jueves, 8 de marzo de 2018

Pablo VI será santo


"Pablo VI será santo este año". Estas son las palabras del Papa Francisco que confirman los rumores que venían sonando durante estas últimas semanas. Sin duda una gran noticia para la Iglesia.

La fecha de la canonización aún se desconoce pero todo indica que será a finales de octubre de este año en Roma, después del Sínodo de Obispos sobre los jóvenes.

El milagro que ha hecho que el Papa promulgara el Decreto, sería la curación de Amanda, la hija de Vanna Pironato, quién tuvo un embarazo de alto riesgo. Días despues de que Pablo VI fuera beatificado, Vanna acudió al Santuario delle Grazie, en Brescia (Italia), un lugar concurrido por los devotos del Papa Pablo VI. Después de rezar al futuro santo y sin una posible explicación médica, la niña nació sin ningún tipo de problema.

¡Pablo VI ruega por nosotros!

capillaonline.blogspot.com

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domingo, 4 de marzo de 2018

Nueva festividad en la Iglesia: María, Madre de la Iglesia


A partir de este año 2018, la Iglesia Católica celebrará cada lunes siguiente al de Pentecostés una nueva festividad que ha establecido el Papa Francisco a través de un Decreto de la Congregación para el Culto Divino.

Según el Papa, esta festividad aumentaría el sentido materno de la Iglesia en todos los bautizados así como exaltar la genuina piedad mariana.

A continuación les proporcionamos el texto completo del Decreto:

CONGREGATIO DE CULTO DIVINO ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM

DECRETO


sobre la celebración de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, en el Calendario Romano General

La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer (cf. Gál 4,4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia.

Esto estaba ya de alguna manera presente en el sentir eclesial a partir de las palabras premonitorias de san Agustín y de san León Magno. El primero dice que María es madre de los miembros de Cristo, porque ha cooperado con su caridad a la regeneración de los fieles en la Iglesia; el otro, al decir que el nacimiento de la Cabeza es también el nacimiento del Cuerpo, indica que María es, al mismo tiempo, madre de Cristo, Hijo de Dios, y madre de los miembros de su cuerpo místico, es decir, la Iglesia. Estas consideraciones derivan de la maternidad divina de María y de su íntima unión a la obra del Redentor, culminada en la hora de la cruz.

En efecto, la Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu. A su vez, en el discípulo amado, Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial.

María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Con este sentimiento, la piedad cristiana ha honrado a María, en el curso de los siglos, con los títulos, de alguna manera equivalentes, de Madre de los discípulos, de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y también «Madre de la Iglesia», como aparece en textos de algunos autores espirituales e incluso en el magisterio de Benedicto XIV y León XIII.

De todo esto resulta claro en qué se fundamentó el beato Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, para declarar va la bienaventurada Virgen María «Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa», y estableció que «de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título».

Por lo tanto, la Sede Apostólica, especialmente después de haber propuesto una misa votiva en honor de la bienaventurada María, Madre de la Iglesia, con ocasión del Año Santo de la Redención (1975), incluida posteriormente en el Misal Romano, concedió también la facultad de añadir la invocación de este título en las Letanías Lauretanas (1980) y publicó otros formularios en el compendio de las misas de la bienaventurada Virgen María (1986); y concedió añadir esta celebración en el calendario particular de algunas naciones, diócesis y familias religiosas que lo pedían.

El Sumo Pontífice Francisco, considerando atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana, ha establecido que la memoria de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, sea inscrita en el Calendario Romano el lunes después de Pentecostés y sea celebrada cada año.

Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

Por tanto, tal memoria deberá aparecer en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las Horas: los respectivos textos litúrgicos se adjuntan a este decreto y sus traducciones, aprobadas por las Conferencias Episcopales, serán publicadas después de ser confirmadas por este Dicasterio.

Donde la celebración de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, ya se celebra en un día diverso con un grado litúrgico más elevado, según el derecho particular aprobado, puede seguir celebrándose en el futuro del mismo modo.

Sin que obste nada en contrario.

En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 11 de febrero de 2018, memoria de la bienaventurada Virgen María de Lourdes.

Robert Card. Sarah Prefecto

capillaonline.blogspot.com

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jueves, 1 de marzo de 2018

La sorprendente historia del monje que vivió 37 años sobre una columna


Desde el principio de la historia de la Iglesia muchas personas han hecho cosas sorprendentes movidos por su amor a Dios. Muchas han pasado largas horas orando, días ayunando, etc. Sin embargo, hay una historia muy interesante y poco conocida de un santo llamado Simeón cuyo amor a Dios lo llevó a pasar 37 años subido a una columna. ¿Quieres saber por qué lo hizo? Esta es su historia.

Simeón nació en el año 392 en Cilicia, cerca de Tarso. De niño fue pastor hasta que, motivado por el sermón de las bienaventuranzas, decidió hacerse religioso en un monasterio.

Mientras se preparaba para ingresar al monasterio, su deseo de ser santo se incrementaba, y un día tuvo una visión: vio cómo construía el edificio de su santidad mientras una voz le decía “Solo cuando seas lo suficientemente humilde serás santo”.

Cuando al fin pudo entrar al monasterio (a los 15 años) sus muestras de amor por el Señor expresado en sacrificios comenzó a hacerse evidente. Su primer gran gesto de amor fue aprenderse todos los salmos de memoria; él sentía la necesidad de rezarlos todos cada semana (21 cada día).

También, al saberse pecador y con la necesidad de luchar contra las tentaciones, inventó el cilicio, una cuerda hiriente que se ata a la cintura para hacer penitencia. La idea no fue del agrado de sus superiores quienes, a pesar de que entendía de que Simeón lo hacía movido por su profundo amor por Dios, temían que los demás hermanos exageraran en su uso y se hicieran demasiado daño.

Es así que decidió alejarse un poco y se fue a vivir a una cisterna abandonada; allí estuvo 5 días en oración. Luego, como se acercaba la Cuaresma, se quedó allí 40 días en total ayuno. Los primeros 14 días estuvo rezando de pie; los siguientes 14, sentado; y los días restantes, recostado. Este ejercicio espiritual lo repitió todas las cuaresmas de su vida.

Su fama de penitente se extendió por los países vecinos y, a pesar de que se ocultó en una cueva, muchos lo buscaban para pedirle consejo y hasta le quitaban pedazos de su manto para llevárselos como reliquias.

Para evitar dicha situación, Simeón ideó un modo de vivir nunca antes conocido en la hasta entonces corta historia de la Iglesia: se hizo construir una columna de tres metros para vivir allí al sol, al agua, y al viento. Luego se dio cuenta de que muchos fieles encontraban la forma de acercarse a él, así que hizo que levantaran la columna para que midiera 17 metros. ¡Allí pasó los últimos 37 años de su vida!

Su vida subido en esa columna fue muy sacrificada. Comía solo una vez por semana, pero aprovechaba todo el tiempo que le quedaba para rezar. Unos ratos de pie, otros arrodillado y otros tocando el piso de su columna con la frente. Cuando oraba de pie, hacía reverencias continuamente con la cabeza, en señal de respeto hacia Dios. En un día le contaron más de mil inclinaciones de cabeza. Un sacerdote le llevaba cada día la Sagrada Comunión.

Como muchos se acercaban a la columna a pedir consejos, Simeón aprovechaba para predicarles al evangelio. Según los testimonio que se tienen de esa época, muchos llegaban allí peleados y se iban reconciliados, otros hacían examen de conciencia y pagaban todas sus deudas y los ricos perdonaban las deudas de los pobres. En una ocasión un famoso asesino se acercó y luego de oír la predicación de Simeón pidió perdón a Dios a gritos y llorando.

Sus superiores también fueron a visitarle pero para ponerlo a prueba y al verle le pidieron que bajara inmediatamente. Simeón sabía que sin humildad y obediencia no podría ser santo, así que se dispuso a bajar. Sus superiores, al ver su docilidad, le gritaron que se quedara porque entendieron que esa era la voluntad de Dios.

Y así estuvo hasta que murió en el año 459 mientras rezaba arrodillado con la cabeza inclinada. En el lugar donde estaba la columna se construyó un gran monasterio para los monjes que quieran hacer penitencia. Hoy ese monasterio se encuentra en ruinas y se le conoce como Qal’at Sim’ân (la mansión de Simón).

Por cierto, columna se dice “Stilos” en griego, por eso la Iglesia celebra la fiesta de “Simeón el estilita” cada 5 de enero.

ChurchPop

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sábado, 17 de febrero de 2018

El aborto, la eutanasia y la esclavitud

9 argumentos notables de comparación entre la esclavitud y el aborto.


1. Argumento de la propiedad: este esclavo/bebé forma parte de mi propiedad/cuerpo. Nadie puede decirme lo que tengo que hacer con él.

2. Argumento de la privacidad: nadie te obliga a tener un esclavo/aborto. ¡Ocúpate de tus cosas!

3. Argumento de la prevalencia de derechos: mi derecho de propiedad/ a abortar tiene prioridad sobre los derechos del esclavo/bebé.

4. Argumento de la inevitabilidad: la esclavitud/aborto lleva existiendo desde hace siglos y no va a desaparecer. Es preferible dedicar nuestros esfuerzos a que se haga de modo seguro, legal y lo más humanamente posible.

5. Argumento de la pseudociencia: los esclavos/fetos no son realmente personas. No son como nosotros. Tienen rasgos diferentes de nosotros y en consecuencia pueden ser tratados también de modo diferente.

6. Argumento de la socioeconomía: si la esclavitud/el aborto acaba, la mayoría de los esclavos/niños acabarán en la calle sin un mísero trabajo.

7. Argumento de las leyes: la esclavitud/el aborto está respaldado por leyes aprobadas por Parlamentos y legalmente consolidadas. Ya se ha establecido legalmente y no hay nada más que hablar.

8. Argumento de la falsa compasión: la esclavitud/el aborto es lo mejor para los negros/niños. De otro modo, sus vidas serían terribles, por lo que es mejor esclavizarlos/matarlos.

9. Argumento de la hipocresía de la otra parte: defendéis el fin de la esclavitud/el aborto, pero no queréis vivir con negros libertos/adoptar a los niños no deseados, por lo que vuestra posición queda deslegitimada.


Y podrían agregarse algunos más, como el del “progreso” que suponía para los partidarios de la esclavitud y hoy del aborto, de no tener obstáculos legales ni éticos que cuestionaran tales prácticas!.

Y además, debemos señalar la contradicción que supone que para los “progresistas”, que haya que eliminar de la economía la propiedad privada, aunque sin embargo, ellos o ellas mismas, argumentan que el feto forma parte del “propio cuerpo” de la madre, y que por ello pueden disponer del mismo. Lo que es un argumento propietarista y nada solidario, y además es científicamente falso, por tener el bebé un código genético propio, diferente al de sus padres biológicos.

Dentro de 50 años o menos, quizás, a la humanidad le parecerá la discusión del aborto o la eutanasia piezas de museo como hoy lo es la abolición de la esclavitud

Carlos Alvarez Cozzi
catholic.net

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miércoles, 14 de febrero de 2018

El Niño Protestante que se enamoró de la Virgen María gracias a la Biblia


Un niño protestante de seis años a menudo había escuchado a sus compañeros católicos rezar el Avemaría. Le gustó tanto que la copió, la memorizó y la rezaba todos los días. “Mira, mamita, qué bonita oración,” le dijo a su madre un día. “No la digas nunca más,” respondió la madre. “Es una oración supersticiosa de los católicos que adoran ídolos y piensan que María es diosa. Después de todo, Ella es una mujer como cualquier otra. Vamos. toma esta Biblia y léela. Contiene todo lo que debemos de hacer.” A partir de ese día, el pequeño dejó de rezar su Avemaría diaria y dedicó más tiempo a leer la Biblia.

Un día, leyendo el Evangelio, vio el pasaje sobre la Anunciación del Ángel a la Virgen. Lleno de gozo, el chiquillo corrió a su madre y le dijo: “Mamita, encontré el Avemaría en la Biblia que dice: ‘Llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre las mujeres’. ¿Por qué la llamas una oración supersticiosa?” Ella no contestó. En otra ocasión, encontró la escena de la salutación de Isabel a la Virgen María y el hermoso cántico del Magnificat, en el que María anunció: ‘desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones’. Ya no le dijo nada a su madre y comenzó a rezar nuevamente el Avemaría cada día, como solía hacerlo. Sentía placer al decirle esas hermosas palabras a la Madre de Jesús, Nuestro Salvador.

Cuando cumplió catorce años, un día oyó que su familia discutía sobre Nuestra Señora. Todos dijeron que María era una mujer común y corriente. El niño, luego de oír sus razonamientos erróneos, no pudo soportarlo más y, lleno de indignación, los interrumpió diciendo: “María no es como cualquier otro hijo de Adán, manchado de pecado. ¡No! El Ángel la llamó LLENA DE GRACIA Y BENDITA ENTRE LAS MUJERES. María es la Madre de Jesús y en consecuencia, la Madre de Dios. No existe una dignidad más grande a la que pueda aspirar una criatura. El Evangelio dice que todas las generaciones la llamarán bienaventurada, mientras que ustedes tratan de despreciarla y hacerla menos. Su espíritu no es el espíritu del Evangelio ni de la Biblia que proclaman es el fundamento de la religión cristiana. Fue tan honda la impresión que causaron las palabras del chico en su madre, que muchas veces lloró desconsolada: “¡Oh, Dios, temo que este hijo mío se unirá un día a la religión católica, la religión de los Papas!” Y en efecto, poco tiempo después hijo se convenció que la religión católica era la única auténtica, la abrazó y se convirtió en uno de sus más ardientes apóstoles.

Unos años después de su conversión, el protagonista de nuestra historia se encontró con su hermana ya casada. Quiso saludarla y abrazarla, pero ella lo rechazó. y le dijo indignada: “Tú no tienes idea de cuánto amo yo a mis hijos. Si alguno quisiera hacerse católico, primero le enterraría una daga en su corazón que permitirle abrazar la religión de los Papas. Su ira y su temperamento eran tan furiosos como los de San Pablo antes de su conversión. Sin embargo, pronto cambiaría su manera de ser, tal como le ocurrió a San Pablo en su camino a Damasco. Sucedió que uno de sus hijos cayó gravemente enfermo. Los médicos no daban esperanzas para su recuperación. Tan pronto se enteró su hermano, la buscó en el hospital y le habló con cariño, diciéndole: “Querida hermana, tú naturalmente deseas que tu hijo se cure. Muy bien, pues entonces haz lo que te voy a pedir. Sígueme. Recemos juntos un Avemaría y prométele a Dios, que si tu hijo recobra la salud, estudiarás seriamente la doctrina católica. Y que en caso de que llegues a la conclusión que el Catolicismo es la única religión verdadera, tú la abrazarás sin importar los sacrificios que esto te implique.” Su hermana en principio se mostró reacia, pero como deseaba la recuperación de su hijo, aceptó la propuesta de su hermano y rezó con él un Avemaría. Al día siguiente, su hijo estaba completamente curado. La madre cumplió su promesa y se puso a estudiar la doctrina católica.

Después de una intensa preparación, ella recibió el Bautismo en la Iglesia Católica junto con toda su familia. Cuánto le agradeció a su hermano que hubiese sido un apóstol para ella. Esta historia la relató el Padre Francis Tuckwell en una de sus homilías. “Hermanos,” terminó diciendo, “el niño protestante que se hizo católico y convirtió´a su hermana al Catolicismo, dedicó´su vida entera al servicio de Dios. Él es el sacerdote que les habla”.



“¡Cuánto le debo a la Santísima Virgen, Nuestra Señora! También ustedes, mis queridos hermanos, dedíquense por completo a servir a Nuestra Señora y no dejen pasar un solo día sin decir la hermosa oración del Avemaría así como su rosario. Pídanle a Ella que ilumine la mente de los protestantes que están separados de la verdadera Iglesia de Cristo fundada sobre la Roca (Pedro) y contra la cual las puertas del infierno nunca prevalecerán".

ChurchPop

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jueves, 8 de febrero de 2018

El hombre se hace preguntas

Lo primero que te digo es que ¡no eres raro! No te sientas extraño por tener un raudal de preguntas para las que no hallas respuestas, y a la vez un deseo enorme de enfrascarte en la vida sin esperar a tener muchas seguridades. ¡Bienvenido a la existencia!.

Llevamos dentro una búsqueda, una necesidad de saber para qué vivimos, de anclar nuestra vida a algo o a alguien que le dé sentido. Esta inquietud la tenemos todos. De hecho, las preguntas que me hacías el otro día eran auténticas inquietudes. No solo se preguntan estas cosas los filósofos, los sabios o los que se dedican a la vida ociosa. Nos las planteamos tú, yo y todos los seres humanos, no importa la edad, la cultura, la forma o las palabras.

Estas preguntas vienen de dentro, no nos las mete nadie en la cabeza ni en el corazón. Salen porque somos buscadores por naturaleza, así estamos hechos. Y es muy serio lo que está en juego: el sentido de nuestra vida, de todo lo que somos y lo que hacemos.

Las preguntas que nos queman surgen cuando a realidad de la vida nos impacta de alguna manera: un dolor, una buena noticia, una decisión que se nos impone tomar… Siempre nos planteamos: “Esto, ¿por qué? ¿para qué?”. ¿Que cuándo tomé yo conciencia de que era urgente encontrar respuestas? Cuando mi hermano pequeño murió.

Aun así, no creas que pongo el dolor como único detonante para enfrentarse a la vida. Este es mi camino, el tuyo será otro. ¿Recuerdas uno de esos momentos en los que una conversación con un colega, o el descubrimiento de algo pequeño pero urgente para ese día, o la casualidad que intuyes pensada por alguien te han hecho sobrecogerte? ¿Has sentido en alguna ocasión tu propia pequeñez al contemplar el cielo estrellado de una noche ruidosa de verano? ¿Te has enamorado, Ignacio? ¿Qué me dices de eso?

Al cruzarnos con lo más bello (trenzado, tantas veces, en lo cotidiano), también nos surge la pregunta: y yo, ¿quién soy yo?, ¿quién es ese que se admira por la vida? Yo soy pregunta, soy deseo. Y deseo la felicidad (¡con todas mis fuerzas!), deseo la belleza, deseo que se haga justicia, deseo que las cosas sean de verdad, que lo bueno sea para siempre, deseo que me quieran (que me quieran siempre, aunque haga las cosas mal), deseo querer… En definitiva, deseo encontrar la respuesta de mi vida, para que esto no sea, como dice un personaje de Shakespeare, “estruendo y furia, y la nada…” (2).

Extraído de Cartas a un espíritu inquieto de su viejo profesor
iglesia.org

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miércoles, 18 de octubre de 2017

El Papa anima a no temer a la muerte: “Jesús mantendrá la llama de nuestra fe”


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera poner en contraste la esperanza cristiana con la realidad de la muerte, una realidad que nuestra civilización moderna tiende siempre más a cancelar.

Tanto así que, cuando la muerte llega, para quien nos está cerca o para nosotros mismos, no nos encontramos preparados, privados incluso de un “alfabeto” adecuado para esbozar palabras de sentido en relación a su misterio, que de todos modos permanece. Y sin embargo los primeros signos de civilización humana han transitado justamente a través de este enigma. Podríamos decir que el hombre ha nacido con el culto a los muertos.

Otras civilizaciones, antes de la nuestra, han tenido la valentía de mirarla en la cara. Era un acontecimiento narrado por los viejos a las nuevas generaciones, como una realidad ineludible que obligaba al hombre a vivir para algo de absoluto. Recita el salmo 90: «Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría» (v. 12).

Contar los propios días como el corazón se hace sabio. Palabras que nos conducen a un sano realismo, expulsando el delirio de omnipotencia. ¿Qué cosa somos nosotros? Somos «casi nada», dice otro salmo (Cfr. 88,48); nuestros días transcurren velozmente: si viviéramos incluso cien años, al final nos parecerá que todo haya sido un soplo. Tantas veces yo he escuchado a los ancianos decir: “La vida se me ha pasado como un soplo”.

Así la muerte pone al desnudo nuestra vida. Nos hace descubrir que nuestros actos de orgullo, de ira y de odio eran vanidad: pura vanidad. Nos damos cuenta con tristeza de no haber amado lo suficiente y de no haber buscado lo que era esencial. Y, por el contrario, vemos lo que verdaderamente bueno hemos sembrado: los afectos por los cuales nos hemos sacrificado, y que ahora nos sujetan la mano.

Jesús ha iluminado el misterio de nuestra muerte. Con su comportamiento, nos autoriza a sentirnos dolidos cuando una persona querida se va. Él se conmovió «profundamente» ante la tumba de su amigo Lázaro, y «lloró» (Jn 11,35). En esta actitud, sentimos a Jesús muy cerca, nuestro hermano. Él lloró por su amigo Lázaro.

Y entonces Jesús pide al Padre, fuente de la vida, y ordena a Lázaro salir del sepulcro. Y así sucede. La esperanza cristiana recurre a esta actitud que Jesús asume contra la muerte humana: si ella está presente en la creación, pero ella es un signo que desfigura el diseño de amor de Dios, y el Salvador quiere sanarla.

En otro pasaje los evangelios narran de un padre que tenía una hija muy enferma, y se dirige con fe a Jesús para que la salve (Cfr. Mc 5,21-24.35-43). Y no existe una figura más conmovedora de aquella de un padre o de una madre con un hijo enfermo. Y enseguida Jesús se dirige con aquel hombre, que se llamaba Jairo.

A cierto momento llega alguien de la casa de Jairo y le dice que la niña está muerta, y no hay más necesidad de molestar al Maestro. Pero Jesús dice a Jairo: «No temas, basta que creas» (Mc 5,36). Jesús sabe que este hombre está tentado de reaccionar con rabia y desesperación, porque ha muerto la niña, y le pide custodiar la pequeña llama que está encendida en su corazón: fe. “¡No temas, sólo ten fe!”. “¡No tengas miedo, continúa solamente teniendo encendida esa llama!”. Y después, llegados a la casa, despierta a la niña de la muerte y la restituirá viva a sus seres queridos.

Jesús nos pone sobre esta “cima” de la fe. A Marta que llora por la desaparición del hermano Lázaro presenta la luz de un dogma: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». (Jn 11,25-26).

Es lo que Jesús repite a cada uno de nosotros, cada vez que la muerte viene a arrancar el tejido de la vida y de los afectos. Toda nuestra existencia se juega aquí, entre el lado de la fe y el precipicio del miedo. “Yo no soy la muerte, dice Jesús, yo soy la resurrección y la vida, ¿crees tú esto?, ¿crees tú esto?”. Nosotros, que hoy estamos aquí en la Plaza, ¿creemos en esto?

Somos todos pequeños e indefensos ante el misterio de la muerte. ¡Pero, que gracia si en ese momento custodiamos en el corazón la llama de la fe! Jesús nos tomará de la mano, como tomó de la mano a la hija de Jairo, y repetirá todavía una vez: “Talitá kum”, “¡Niña, levántate!” (Mc 5,41).

Lo dirá a nosotros, a cada uno de nosotros: “¡Levántate, resurge!”. Yo los invito, ahora, tal vez a cerrar los ojos y a pensar en aquel momento: de la nuestra muerte. Cada uno de nosotros piense a su propia muerte, y se imagine ese momento que llegará, cuando Jesús nos tomará de la mano y nos dirá: “Ven, ven conmigo, levántate”.

Ahí terminará la esperanza y será la realidad, la realidad de la vida. Piensen bien: Jesús mismo vendrá a cada uno de nosotros y nos tomará de la mano, con su ternura, su humildad, su amor. Y cada uno repita en su corazón la palabra de Jesús: “¡Levántate, ven! ¡Levántate, ven! ¡Levántate, resurge!”.

Esta es nuestra esperanza ante la muerte. Para quién cree, es una puerta que se abre completamente; para quién duda es un resquicio de luz que filtra de una puerta que no se ha cerrado del todo. Pero para todos nosotros será una gracia, cuando esta luz, del encuentro con Jesús, nos iluminará. Gracias.

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4 imperdibles consejos de Santa Teresa de Ávila


Todos sabemos que Santa Teresa de Ávila fue la primera mujer en ser proclamada Doctora de la Iglesia, título reservado a grandes maestros de la fe para todos los tiempos. Pero más allá de su capacidad intelectual debemos admirar en ella la sencillez de corazón con la que vivía y su capacidad para amar a Dios en lo cotidiano. Por eso estos imperdibles consejos de Santa Teresa de Ávila pueden ser practicados por todos nosotros:

1. Orar

“Gran bien hace Dios a un alma que la dispone para tener oración… y si en ella persevera, por pecados y tentaciones y caídas de mil maneras que ponga el demonio, en fin, tengo por cierto la saca el Señor a puerto de salvación, como me ha sacado a mí…

…De lo que yo tengo experiencia puedo decir, y es que por males que haga quien ha comenzado a orar, no deje de orar, pues la oración es el medio por donde puede tornarse a remediar, y sin ella será más dificultoso.

…Y no le tiente el demonio, como a mí, a dejarla por humildad…

…Y quien no ha comenzado a orar, por amor del Señor le ruego yo no carezca de tanto bien…

…no es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con Quien sabemos nos ama.” (Libro de la vida, cap. 8, #4-5).

2. Amar y temer

“Tomad este aviso, que no es mío, sino de vuestro Maestro: procurad caminar con amor y temor. Y yo os aseguro: el amor os hará apresurar los pasos; el temor os hará ir mirando adónde ponéis los pies para no caer…

Quien de veras ama a Dios, todo lo bueno ama, todo lo bueno quiere, todo lo bueno favorece, todo lo bueno alaba, con los buenos se junta, siempre los defiende, todas las virtudes abraza; no ama sino verdades y cosa que sea digna de amar. ..” (Camino de perfección, cap. 69, 1.3).

3. No hablar mal

“No tratar mal de nadie, por poco que fuese… no querer ni decir de otra persona lo que no querría dijesen de mí… A donde yo estaba (los demás) tenían seguras las espaldas…”. (Libro de la Vida, cap. 6, #3).

4. Andar en verdad

“Andemos en verdad delante de Dios y de las gentes, de cuantas maneras pudiéremos; en especial, no queriendo nos tenga por mejores de lo que somos, y en nuestras obras dando a Dios lo que es suyo y a nosotros lo que es nuestro, y procurando sacar en todo la verdad y así tener en poco este mundo, que es todo mentira y falsedad, y como tal no es durable.

Una vez estaba yo considerando por qué razón nuestro Señor es tan amigo de esta virtud de la humildad… Porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad.” (Sexta morada, cap. 10, #7-8).

Esto es sólo una probadita microscópica de lo escrito por esta gran santa, entre cuyas obras se cuentan, el ‘Libro de la Vida’, autobiográfico; el ‘Camino de perfección’; las ‘Moradas del Castillo Interior’ y ‘Cuentas de conciencia’, con valiosos consejos espirituales; ‘Exclamaciones’ y ‘Poesías’, de una gran belleza; el libro de las ‘Fundaciones’, con que reformó su orden del Carmelo; las ‘Constituciones’ de su orden, y cientos de cartas. ¡No te las pierdas! Busca en internet: ‘obras completas de santa Teresa de Ávila’. Están disponibles gratuitamente.

siame.mx

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Vaticano desmiente rumores sobre muerte de Benedicto XVI


Desde hace unos días, a través de la red social de mensajería instantánea Whatstapp, se ha propagado el rumor de que la salud de Benedicto XVI se habría resentido gravemente y otros mensajes en los que se asegura que incluso habría muerto.

Sin embargo, la Vice directora de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Paloma García Ovejero, ha desmentido de forma categórica ambos rumores.

Hoy mismo, en España los bulos han ido a más y son muchos los que están recibiendo mensajes en los que se da por hecho que el Papa emérito habría muerto.

Ayer, el Secretario personal de Benedicto XVI, el Arzobispo Georg Ganswein, también tuvo que salir al paso de los rumores sobre el estado de salud del Papa emérito y explicó cómo está realmente Joseph Ratzinger.

“El hermano Georg Ratzinger ha vuelto a casa ayer. Ambos han pasado un buen tiempo, creo que han sido de los mejores días”, explicó el Arzobispo haciendo ver que el estado de salud del Papa emérito no ha sufrido cambios.

aciprensa.com

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