miércoles, 30 de marzo de 2011

No olvides el pasado

Es curioso comprobar cómo, cuando un estudiante llega un buen día a ser profesor, es frecuente que comience a ejercer la autoridad de forma muy distinta a como él pensaba que debieran hacerse las cosas cuando las veía desde el pupitre.

— ¿Y crees que las veía con más objetividad cuando era alumno que ahora, que es profesor?

Es difícil saberlo. Pero, desde luego, ahora le vendría muy bien reflexionar sobre qué pensaba él por aquel entonces, cuando su profesor hacía tal o cual cosa de las que él hace ahora.

Algo parecido puede pasar al chico o a la chica que a la vuelta de los años se encuentra con que es padre o madre de familia, y tiene la oportunidad de llevar a la práctica todas las reformas en el modo de educar que –con cierto sentido crítico respecto a sus padres– proyectó en sus tiempos de juventud.

Piensa en tu caso. Quizá ves ahora, con el paso del tiempo, que las cosas son distintas a como las veías veinte o treinta años atrás. Y quizá efectivamente lo sean.

De todas formas, siempre te será útil recordar cuáles eran tus rebeldías de adolescente.

— Yo recuerdo que cuando era adolescente reaccionaba siempre de forma hostil ante las actitudes autoritarias, independientemente de quien tuvieran razón.

Creo que eso sucede toda la vida, no sólo en la adolescencia. Hay actitudes que producen rechazo a cualquiera, por muy paciente que sea. Y si a eso se une que el adolescente tiende a desmitificar al adulto y a dudar de modo sistemático de su autoridad intelectual, el conflicto está servido: puede organizarte un número de circo o bien encerrarse en un mutismo sobrecogedor y pasarse horas o días sin abrir la boca.

— Además, es que a esta edad tiende a radicalizarlo todo...

Ante esas actitudes, es mejor charlar con serenidad y paciencia. Una postura radical se desmonta mediante preguntas amistosas sucesivas que le hagan pensar y argumentar sus opiniones. Los dramatismos son contraproducentes.
No te precipites. Algunos padres fracasan en este punto por no ser prudentes, porque son ellos los radicales. Porque quizá –como apunta Antonio Vázquez– cuando los chicos nos abren una puerta de su intimidad, y nos dejan caer alguna de las ideas que rondan por su cabeza..., se nos descompone la cara y, sin dejarles terminar, descargamos sobre ellos una nube de argumentos que les aplastan.

Conviene saber en qué cuestiones suelen los chicos ser más críticos con sus padres, para actuar en ellas con más prudencia. De todas formas, el hecho de que tu hijo sea crítico en esos puntos no quiere decir que tenga razón (tampoco que la tengas tú). Es habitual que le disgusten:

• las actitudes excesivamente paternalistas, de dar lecciones y presumir de experiencia;

• que le pongan en evidencia de inferioridad al ayudarle;

• los planteamientos proteccionistas, desconfiados o fiscalizantes;

• la falta de sensibilidad por lo que aprecia la juventud;

• las ideas que él considera desfasadas y que se le presentan como únicas válidas: ten en cuenta que le gusta tener ideas propias, como a ti, y que sus ideas no tienen por qué ser siempre desafortunadas: no te distancies de tu hijo o de tu hija por ese simple prejuicio;

• las incongruencias entre la vida de los padres y lo que le exigen a él;

• el autoritarismo: a veces el contenido de un mandato le importa menos que la actitud con que se le da; etc.

Es toda una actitud adolescente con la que se resiste -y muchas veces con bastante razón- a ser tratado como un niño. Como ha escrito Gerardo Castillo, tenderá a considerarse tratado como un adulto cuando los mayores no limiten la relación con él a un puro darle órdenes, prohibirle cosas, ofrecerle o imponerle consejos..., sino que además, y sobre todo, le escuchen, tengan en cuenta sus ideas, le permitan actuar con iniciativa personal; en definitiva, cuando le tomen en serio.

Alfonso Aguiló
interrogantes.net

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