martes, 16 de octubre de 2012

La autoestima, un pasaporte para la vida

Según el terapeuta Josiane de Saint-Paul la autoestima es “la evaluación positiva de uno mismo, fundada en la conciencia de su propio valor y de su importancia inalienable en su calidad de ser humano. Una persona que se estima se trata con benevolencia y se siente digna de ser amada y de ser feliz”.

AL NIÑO HAY QUE DEJARLE "HACER"

Por lo tanto, la autoestima está fundada en el sentimiento de seguridad que da la certeza de poder afrontar, de forma responsable y eficaz, los desafíos de seguridad el niño la tiene que experimentar y aprender con la ayuda de los padres y el colegio.

La forma de proporcionar esta seguridad se la tenemos que dar los padres cuidando de su integridad física y psicológica, garantizando una estabilidad mediante los horarios y las rutinas, desarrollando la autodisciplina y unas normas de conducta coherentes y consecuentes, dedicándoles tiempo para hablar con ellos y explicarles lo que no entiendan, y lo que es muy importante transmitiéndoles mucho cariño- incluso cuando les corrijamos-.

Los padres y los profesores debemos ayudar a los niños a comprender que ningún resultado (positivo o negativo) se da por arte de magia, sino que es más bien la consecuencia lógica del aprendizaje y trabajar actitudes como la atención, motivación, autonomía y responsabilidad.

El niño antes de los siete u ocho años vive el sentimiento de éxito centrándose sobre todo en el resultado. No es del todo consciente de que ese resultado es la consecuencia lógica de sus actitudes y estrategias.

Para que el niño logre una autoestima sana es necesario motivarle. El niño no puede dominar las actividades intelectuales y sociales si no obtiene resultados favorables en el curso de sus experiencias. Debe tener el sentimiento de su valor personal, ser consciente de sus habilidades y, en consecuencia, poseer una buena autoestima. Esto constituye la base misma de la motivación y del proceso de aprendizaje.

Los padres y el colegio tenemos que aplaudir sus logros, para que se de cuenta de que domina unas habilidades y unas capacidades gracias a las cuales ha obtenido resultados positivos. Al recordar sus éxitos y su competencia en algunos terrenos, el niño tiene fe en sí mismo y llega a esperar el éxito en su consecución del objetivo que le proponen o que él elige.

Los educadores (padres y colegio) debemos tranquilizar al niño haciéndole comprender que un resultado negativo no pone en cuestión ni su valor personal ni su inteligencia, y que él puede ejercer cierto poder sobre sus actitudes y sus estrategias. Si desea obtener buenos resultados, puede y debe modificar los pasos que da. Estos aprendizajes le infunden un sentimiento de eficacia y de orgullo que alimenta su autoestima.

Si no se brinda al niño la oportunidad de vivir resultados exitosos en sus actividades, y para eso hay que dejarle hacer, es inútil querer que tome conciencia de sus capacidades y decirle que es capaz de lograrlo.

Para conseguir estos logros es necesario que los padres trabajen con sus hijos la autonomía que es la capacidad de romper vínculos de dependencia con el entorno y de realizar elecciones personales. Ésta se construye progresivamente y adecuándola a la edad de cada niño.

Lo contrario de la autonomía es la sobreprotección, una actitud muy perjudicial para a un niño es hacer las cosas en su lugar cuando él es capaz de hacerlas por sí solo. Dicha actitud frena el desarrollo de la autonomía del niño. La sobreprotección mantiene al niño en la dependencia y su autoestima resulta afectada.

Para conseguir que nuestros hijos tengan una buena autoestima es necesario que las expectativas de los padres sean realistas, es decir, adaptadas al ritmo y al nivel de desarrollo del niño. Si no el niño correrá el riesgo de sufrir fracasos que mermarán su autoestima.

Como consecuencia podemos decir, que los educadores debemos enseñar a los niños a actuar por sí mismos, utilizando estrategias eficaces, para que superen los obstáculos, aprenden cosas nuevas y vivan sentimientos positivos que les ayuden a valorarse.

Ana Asteinza
Ana Esther de Diego
sontushijos.org

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